jueves, 3 de julio de 2008

EDUCAR LA CONCIENCIA

Notas de Conferencias de D. Francisco Fernández Carvajal

¿Qué es la conciencia?

- Recomienda la Encíclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, y los puntos 1766 a 1802 del Catecismo de la Iglesia Católica.
- La educación de la conciencia es una tarea para toda la vida. La vida para un cristiano es un camino hacia Dios. Un camino más bien corto. Un cristiano sensato lo que quiere es llegar a Dios, llegar al final.
- A veces se pierde el camino –la sociedad que nos rodea, los malos ejemplos, pueden oscurecer la luz- entonces la conciencia es la “brújula”, que nos guía por la vida.
- La conciencia marca el juicio del entendemiento sobre la bondad o malicia de las acciones. Por una parte interviene la inteligencia, que es la que emite el juicio y por otra la voluntad, que se adhiere o rechaza el juicio.
- Cuando sistematicamente se rechaza el juicio moral la conciencia se oscurece, queda adormecida, pero nunca del todo ciega, pues hasta el peor de los hombres percibe lo que está bién y lo que no.
- La conciencia no queda nunca del todo muda, siempre obliga, porque es la voz de Dios en el corazón. Decía San Buenaventura que la conciencia es “el pregonero de Dios”. Lo que nos dice la conciencia es un mandato de Dios.
- Dios no sólo habla al corazón de cada persona, también habla por el Magisterio de la Iglesia, pues de lo contrario, con cierta facilidad, caeríamos en el subjetivismo. A veces también es necesario pedir luz, el consejo de personas autorizadas que nos hagan ver más claro el camino.
- A veces el camino a seguir no es el más brillante desde el punto de vista humano, puede incluso ser duro, dificil de recorrer, sobre todo sin el sentido que da la “filiación divina”. Somos hijos de Dios, y Él nos ayuda, porque el que sabe bien cómo es el hombre y qué nos conviene es Él.
- El camino bueno es el camino feliz. Chesterton dijo que se había convertido al cristianismo porque quería ser feliz.
- La conciencia es lo más delicado del hombre, el “sagrario íntimo” donde se encuentra con Dios. Por ello la formación de la conciencia es crucial en la educación de los hijos.

Presupuestos de la formación de la conciencia

1. La Rectitud de intención, querer ir a Dios y organizar la vida con arreglo a ésto. Sin este concepto primario no hay formación de la conciencia.

Dios es el fin último, y todo lo demás son instrumentos para alcanzar este fin. Por eso hay que rectificar constantemente (hacer recto lo que estaba torcido). Para llegar a Dios hay que cumplir su voluntad. La santidad es la alegría de cumplir la voluntad de Dios en todo momento, incluso en las dificultades, en las que no nos faltará la Gracia de Dios.
2. La humildad, que es aceptar que a veces hacemos las cosas mal, y “no pasa nada”. La humildad de llamar a cada cosa por su nombre. La humildad de ser sinceros para dejarse ayudar. La humildad de saber retroceder y rectificar. La humildad de buscar la verdad, ser “exploradores de la verdad”. Para Sócrates conocer la verdad era ser bueno.
3. Formar muy bien la inteligencia. La lectura es un medio muy importante de formación, pues la conciencia debe estar alumbrada por principios básicos para poder formar un juicio. Hay que fomentar la lectura, que forma la inteligencia. Hay que sacar tiempo para “saborear” la lectura, que lleva a pensar evitando el empobrecimiento interior, forjando criterios claros. El error y la ignorancia son los grandes enemigos de Dios porque deforman su Imagen.

Educar la conciencia de los hijos
La vida cristiana es un camino hacia Dios y la conciencia es la brújula que señala el rumbo. La educación de la conciencia se realiza en la familia.
El cañamazo donde se apoya la educación de la conciencia es la filiación divina. Que los niños sepan que Dios es un Padre Bueno, es compatible con el “temor de Dios”, que es un temor de respeto, no de miedo. No identificar a Dios con la imagen del “ojo crítico”.
No se puede educar la conciencia en el miedo, sino en la “filiación divina”. Las acciones buenas son alegrías que se le dan a Dios, que es un Padre Bueno.
Diferenciar el pecado de las cosas mal hechas. Lo que está mal ( ser desordenado, ser pesado, no rezar,...) no siempre coincide con el pecado.
El pecado no es algo externo, algo que dependa de las estructuras sociales, de los demás, de la educación, es algo personal, interno.

Hablarles a los niños del pecado no los “trauma”, es precisamente lo contrario, es el pecado mal digerido, “el pecado sin perdón” el que atasca la psicología.
El pecado que primero se manifiesta en los niños es el egoísmo (la soberbia es lo que tiene las raíces más profundas en el alma humana). Enseñar a compartir y a darse, y de ninguna manera sobrealimentar el egoísmo de los niños. El egoísmo es la fuente de muchos pecados: faltas contra la caridad, rabietas, ataques, lloros cuando algo sale mal.
Los mandamientos, los preceptos no son algo negativo, algo que coharte la libertad. Los mandamientos son el “manual de instrucciones” del “Fabricante”: las recomendaciones que Dios da para el buen funcionamiento de su “invento” que somos nosotros. Los mandamientos no son “un capricho de Dios”. Dios es el que sabe cómo funciona el hombre, el que mejor le conoce, porque lo ha creado. Las restricciones no recortan la libertad necesariamente, sino que muchas veces la preservan (por ejemplo, la limitación de velocidad en carretera nos permite llegar sin contratiempos al destino)
Las razones que se dan a los niños han de ser siempre positivas. ¿Por qué ir a Misa? Porque el Señor nos espera allí. ¿Por qué rezar? Para tratar de amistad con el Señor.
Educación de la pureza. Enseñar el sentido de la sexualidad corresponde a los padres, y no se trata sólo de dar información técnica. La sexualidad es algo bueno que Dios ha puesto en el hombre, y por tanto es algo “sagrado”. El pecado contra la pureza consiste en convertir algo sagrado en un instrumento de placer, frivolizar con algo profundo, que no es un juego, que hay que mirarlo con respeto. La sexualidad así trivializada no une, porque la sexualidad sólo une cuando está en su lugar.
A las niñas hay que prevenirlas contra los “chantajes” de los chicos: “si no me dejas, te dejo”. La pureza es respeto a la otra persona, si no te respeta no te quiere como persona. Las niñas no comprenden a veces que en la mentalidad de los chicos ellos aprecian más a las niñas que mantienen los límites.
Enseñar a las niñas la diferencia entre ir atractivas e ir provocativas. En el fondo ellas lo saben porque aprecian cómo las miran. Con tal de llamar la atención no vale todo. No ser mirada a cualquier precio. Es muy importante que se las vea algo detrás de la fachada, cultivar los valores humanos. Enseñarlas desde pequeñas el sentido del pudor, el recato, la modestia.
La vida espiritual. La vida en general y la vida interior en particular está hecha de derrotas y de victorias, y “no pasa nada”. No hay que desfondarse pues nadie de una atacada llega al Cielo. Hay que preparar para el dolor, el sacrificio. La vida no es de color de rosa, puede ser feliz, pero no rosa.
Ejemplaridad. Los hijos no quieren padres perfectos, pero si padres que luchan. No puede haber una doble moral, reconocer los fallos y demostrar la buena voluntad de mejorar.

El relativismo moral en la sociedad actual
Relativismo moral quiere decir que no hay absolutos morales, hay opiniones. Esto socaba las bases de la sociedad.
A- LA VIDA MORAL ES UN SEGUIMIENTO DE CRISTO
En la Veritatis Splendor, Juan Pablo II plantea la vida moral no como un reglamento o una casuística, sino como un seguimiento de Cristo.

* Seguir a Cristo es el fundamento esencial de la moral cristiana. No se trata de escuchar una enseñanza o cumplir los mandamientos, sino de algo más radical, adherirse a la Persona de Jesús a través de acciones morales.
Los actos humanos buenos, no sólo son buenos para la persona que los recibe, sino que son además buenos para la persona que los realiza, porque la transforma en alguien mejor, e incluso la hacen sentirse bien consigo misma (ceder el paso, indicar una dirección a alguien que está perdido...)
Los actos buenos nos hacen mejores porque nos identifican con Cristo. Y al revés, al hacer algo malo cambiamos para mal.
Un cristiano no es más que un reflejo de Cristo (sonreir, hacer la vida amable,...). S. Agustín decía que los cristianos no somos la luz, sino que reflejamos la luz. En la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II se dice que Dios se transparenta en el mundo a través de los cristianos.

* Juan Pablo II tiene en cuenta en sus escritos todo lo que el conocimiento y la ciencia recoge sobre cómo es el hombre (la herencia genética, la educación, la sociedad que le rodea, la edad,...) . Son circunstancias que hacen muy personal todo lo que hacemos. Cada acto moral es un acto personal (Personalismo)
Pero frente a estas circunstancias personales, que pueden ser cambiantes hay cosas que no cambian : absolutos morales. Entregar la vida por otra persona es un acto bueno en sí mismo. Las acciones terroristas son actos malos en sí mismo. Y son actos buenos y malos en sí mismos porque están de acuerdo o no con lo humano, con la moral natural.

* La acción buena es independiente de la utilidad. La bondad no se puede confundir con la utilidad.

Dentro del Relativismo Moral se encuentra una corriente denominada Consecuencialismo, que opina que para ver la bondad moral de un acto hay que ver las consecuencias del mismo. No se pueden justificar conductas como por ejemplo el divorcio y sucesivos matrimonios, aunque éstos pudieran hacer que la convivencia mejorara para una persona. Así mismo hay actos intrínsecamente malos, aunque no se derive de ellos ningún mal importante, como por ejemplo robar una cosa pequeña en unos grandes almacenes.
La bondad de un acto no depende de sus consecuencias, sino de la verdad, a pesar de que la verdad puede ser muy dura y dificil de vivir.
La bondad de un acto viene determinada por el objeto moral de ese acto, es decir por la verdad que subyace detrás del acto. La moral está ligada a la verdad, no a la utilidad o a la conveniencia. Así en el caso del matrimonio civil el objeto moral es la convivencia ilícita, las circunstancias que lo rodeen, la conveniencia pueden ser importantes pero no lo hacen bueno si el objeto moral no lo es.
La Iglesia puede parecer dura en ocasiones, pero no puede renunciar a la verdad. Se ha de ser intransigente con el mal, pero comprensivo con la persona. La persona es intocable, pero el error es error.
También entendemos que hay verdades relativas (un relativismo bueno), como por ejemplo, la ropa que se lleva hoy en día y la de principios de siglo. Hay que distinguir estas verdades relativas, de verdades que son absolutos morales, conocidos por la razón o iluminados por el Magisterio de la Iglesia.

B- LA OPINIÓN Y LA MORAL
El “opinar” socava los fundamentos de la moral, porque las opiniones están hechas a nuestra medida (pereza, vanidad, utilidad,...). La opinión es muchas veces lo que a mí, por mis circunstancias, en este momento me conviene más.
La moral de situación son distintos sistemas morales que tratan de justificar lo que nos conviene. Hoy se da una amoralidad reconocida de la sociedad. Auténticos valores morales valederos en sí y por sí mismos, son rebatidos por las encuestas, el consenso, los medios de comunicación. El consenso es útil para moverse en sociedad, pero no crea la verdad. Hoy se dice que la moral no se puede mezclar con los negocios, con la política, con el matrimonio,...
Actualmente se intenta manipular la opinión frente a los principios morales tradicionales (incitar a la homosexualidad, a la pérdida de la virginidad,...). Esto puede afectar mucho a las conciencias, sobre todo en adolescentes y personas más sensibles a influjos externos. Se presenta a la Iglesia como un factor retardatorio de la modernidad, defensora de una moral pasada de moda. Los mandamientos se ven como algo represivo, como un conjunto de prohibiciones que cohartan la libertad del hombre.
Frente a esto hay que presentar la moral como un bien para la sociedad, un factor de convivencia imprescindible. No cabría pensar en una sociedad donde lo que imperase fuera la mentira, el asesinato, el robo, la infidelidad,...
Nadie pone en duda que el hombre ha progresado mucho, pero no por ello somos más felices. Hay que reconocer valores en alza en esta sociedad, como la solidaridad, pero sin olvidar factores muy preocupantes, el ataque sistemático a la familia, los ejemplos nefastos de cambio de pareja, desligar la sexualidad de la procreación,...El progreso económico no tiene por qué ser progreso humano, fenómenos como la publicidad, la moda despersonalizan, los medios de comunicación manipulan,...
Hay que salir de la anestesia general. Habrá que hablar sin complejos y gozarse en la belleza del bien. Apoyarse en verdades de fondo, el hombre como imagen de Dios, Filiación divina, la vida como camino hacia Dios. La lectura es un tema muy importante. Ser capaces de defender lo que creemos.