domingo, 27 de julio de 2008

CARTA AL DUQUE DE NORFOLK (Tratado sobre la conciencia)

"CARTA AL DUQUE DE NORFOLK"
Card. John Henry Newman


Las obras del Cardenal Newman han pasado al fondo perenne del pensamiento cristiano. Es él uno de los autores más citados por el magisterio contemporáneo y la misma naturaleza de sus escritos, algunos de fácil acceso para un espectro amplio de lectores, unido a su atrayente personalidad, han hecho que sea bastante conocido. En este escrito responde, a petición del Duque de Norkfolk, a un libelo escrito por William Ewart Gladstone, donde acusaba a los católicos de tener dividida su autoridad entre la Reina y el Papa y por tanto, no ser súbditos fieles de la Corona. Gladstone era un político muy influyente y conocido en Inglaterra así como fiel practicante de la confesión nacional. El escrito de Newman tuvo por ello una especial resonancia. Sin embargo, la defensa que hace el Cardenal católico de los fieles de Inglaterra, mostrando que no hay oposición entre la fidelidad al Papa y a la Reina, porque ninguno de los dos pide una Obediencia Absoluta, va más allá de un interés circunstancial. El hecho de que la polémica se diera en un contexto de amplia dificultad para los católicos ingleses, marginados por la ley y la sociedad, no impide que Newman, con su perspicacia y brillantez habitual, lleve el tema a los aspectos fundamentales traspasando las cuestiones accidentales e históricas. Por eso esta carta es un excelente tratado sobre la conciencia. El carácter polémico del escrito, con referencias continuas a la historia inglesa y a episodios recientes del catolicismo, como el Concilio Vaticano I, con su definición de la infalibilidad pontificia, o el Syllabus de errores modernos, no quitan nada a la enseñanza fundamental. Muestra Newman que la conciencia no está en contraposición con la autoridad. Precisamente el catolicismo salvaguarda con especial cuidado ese reducto del hombre superando falsos antagonismos. La dignidad del hombre queda a cubierto por el Magisterio y el Papado. Es en este libro donde Newman escribe su frase famosa: “Caso de verme obligado a hablar de religión en un brindis de sobremesa –desde luego no parece cosa muy probable-. Beberé “¡Por el Papa!”, con mucho gusto. Pero primero “¡Por la conciencia!”, después “¡Por el Papa!”. En esta anécdota se sintetiza su enseñanza sobre la conciencia, lejos de toda oposición. Como señalan los autores de la introducción “Newman hacía ver que la autoridad de la Iglesia significaba para la conciencia de la persona lo mismo que la Revelación es para la naturaleza. La autoridad consolida y da plenitud a la conciencia, sin substituirla ni ignorarla. Principio básico de este pensamiento es la no oposición de fondo entre conciencia y autoridad”.